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¡Feliz San Valentin! Bueno, para algunos (como yo) feliz, San Solterin, jeje -.-"
Pues eso, que me ha dado el puntazo, y digo "Voy a regalarles a mis querid@s lectores un One-Shot de San Valentin"
Miré de nuevo mi taquilla. Derecha, izquierda, arriba, abajo... nada. ¡Espera! No, solamente era una hoja de mi maltrecha agenda descolorida. Ni rastro de ninguna nota. Bueno, tampoco esperaba una...
Cerré la taquilla de un portazo. Aun así, yo me había esperado algo, aunque fuese una rosa pocha... pero nada. Me había arreglado más de lo normal, ya que generalmente me conformaba con ponerme un chándal cómodo, una sudadera ancha y el pelo recogido en una coleta. Pero hoy se suponía que iba a ser un día especial...
El timbre del cambio de clase. Rápidamente cogí todos mis libros y cuadernos, me puse mi mochila y me dirigí hacia la cafetería para el receso.
-¡Natalie, Natalie! -mi mejor amiga Lucie venía corriendo hacia mí.
Lucie era preciosa. Tenía el pelo del color de la miel y los ojos verdes marrones, de mirada limpia, le hacían parecer muy inocente.
-Lucie, hola -dije desanimada.
-Natalie, ¡Tienes un admirador secreto!
-Lucie, no tengo ni una sola carta de San...
-¡Sí! ¡Mira! -me tendió un sobre rosa.
Querida Natalie:
Feliz día de San Valentin. Te mando esta carta porque hoy, por fin, me he atrevido a confesarte algo.
Llevo mucho tiempo queriendo decirte esto... y es que me gustas mucho. Desde siempre me has parecido una chica preciosa, amable, inteligente, divertida... todas las cualidades que una chica podría tener.
Pero, por más que lo intentaba, nunca conseguía atraer tu atención.
Solo quería que supieras que no estás sola el día de San Valentin.
Que yo te quiero
Tu admirador secreto.
Mis ojos estaban que se salían de sus órbitas. No me lo podía creer. ¡No me lo podía creer! ¡Alguien me quería! La vista se me nubló por las lágrimas. Y entonces, sonreí.
-Natalie Fletcher -y entonces, la vi. Con su pelo negro recogido en una coleta, sus zapatillas de deporte y esas gafas.
Y ella me miró. Y sonrió. Y yo me prometí a mi mismo que, algún día, le haría sonreír de nuevo.
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